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TRAS LA SALIDA DE PAOLO
MONTERO SE DESARMÓ EL AURINEGRO Y EL EQUIPO DE
MATOSAS NO PERDONÓ
¡Está grande!
En el partido en el que tenía que demostrar que la pelota no
pesaba más que en otras tardes, Danubio ganó al fútbol, le pasó
por arriba a Peñarol y se quedó con el título que le asegura un
lugar en la definición del Uruguayo 2006-2007
POR LUIS EDUARDO INZAURRALDE DE LA REDACCIÓN DE EL OBSERVADOR
Danubio quedó otra vez cara a cara contra esos fantasmas que
durante tantos años dejaron en evidencia la fragilidad anímica
-porque talento tenían- de algunos futbolistas, que en las
difíciles no supieron resolver los partidos decisivos a favor
del franjeado. Un poco por la presión que metían los pesos
pesados en la AUF y otro porque en cada definición la historia
de los grandes era insostenible adentro de la cancha.
Danubio salta a la cancha a jugar otra final con Peñarol, pero
los fantasmas ya no meten miedo, apenas inquietan a algunos
descreídos y le hacen cosquillas a los que la sufrieron desde
adentro en las tardes más difíciles. Las tardes de esas
derrotas, que lo revolcaron por las más crueles críticas y
resaltaron la condición de cuadro chico, que fueron dejando un
sedimento que formó una estructura sólida y que sirvió de pilar
para la nueva fisonomía del equipo de Maroñas.
Los fantasmas acechan. Paolo Montero mete miedo en la defensa,
ya no por su fútbol ni sus tranques, sino por su estampa de
crack. Salgueiro no se intimida, pero -como confesó previo al
partido- lo admira.
Apenas 13 minutos de fútbol, Salgueiro entregó mal la pelota y
Acosta y Vigneri se hicieron un festín en los 70 metros que
corrieron de área a área con la que rueda para que el delantero
pusiera el 1-0.
Los que se reían ya no se ríen. Están serios. Los fantasmas
vuelven. ¿Podrá Danubio? Matosas mira al piso y busca
alternativas. Está difícil, pero hay una alternativa por ese
flanco derecho en el que Olveira hace agua y Jorge García y
Salgueiro se divierten.
El lateral de Peñarol quedó mal parado una vez y los danubianos
se dieron cuenta que por ahí está el partido.
Peñarol sufre lo peor. Paolo se resintió de la vieja molestia y
se va caminando, herido, igual que su equipo. Luiz Nunes perdió
a su referente, se quedó sin respaldo anímico y volvió a ser el
zaguero endeble de la época de Diego Aguirre y Luis Garisto.
Para Olveira es insostenible la presión y Maxi Arias, quien se
desempeña de zaguero improvisado, no es solución. Es más, su
sector es el blanco al que apunta Danubio.
El calor es insoportable y los aurinegros comienzan a sentir el
sofocón, casi peor que el que dejó la salida del capitán.
Danubio se aprovecha, aleja los fantasmas y Nacho González, de
cabeza aprovecha el error de la defensa mirasol para poner el
1-1.
Delorte camina por la cancha. Los brazos en jarra evidencian
agotamiento. A Peñarol no le sale nada, pero nadie lo puede dar
por muerto porque Gregorio siempre tiene una carta en la manga.
Salgueiro le da otro golpe a Peñarol. A los 40 minutos puso el
2-1 y encaminó a su equipo al triunfo.
Los fantasmas están lejos. Pero vuelven en el arranque del
segundo tiempo con el penal a Vigneri, que el delantero manda a
tercer anillo de la Colombes.
Danubio ahuyenta definitivamente a los fantasmas. La magia es
cada vez más evidente. Los jugadores de Peñarol miran, los
hinchas sufren, el franjeado disfruta.
Gregorio prueba las últimas fórmulas. Carpia a la cancha por
Olveira y en el final Apellaniz. Mmmm..., la suerte ya no está
con el técnico aurinegro.
Nacho, otra vez de cabeza, pone el 3-1 y Cavani lo cierra en los
descuentos. 4-1.
Danubio da media vuelta olímpica. La copa del Apertura está en
las vitrinas de la sede de 8 de Octubre y los fantasmas son
historias porque al franjeado le queda bien el atuendo de grande
en el fútbol uruguayo.
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