Campeón Uruguayo 1988 - 2004 - 2006/07

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TRAS LA SALIDA DE PAOLO MONTERO SE DESARMÓ EL AURINEGRO Y EL EQUIPO DE MATOSAS NO PERDONÓ

¡Está grande!
En el partido en el que tenía que demostrar que la pelota no pesaba más que en otras tardes, Danubio ganó al fútbol, le pasó por arriba a Peñarol y se quedó con el título que le asegura un lugar en la definición del Uruguayo 2006-2007

POR LUIS EDUARDO INZAURRALDE DE LA REDACCIÓN DE EL OBSERVADOR

Danubio quedó otra vez cara a cara contra esos fantasmas que durante tantos años dejaron en evidencia la fragilidad anímica -porque talento tenían- de algunos futbolistas, que en las difíciles no supieron resolver los partidos decisivos a favor del franjeado. Un poco por la presión que metían los pesos pesados en la AUF y otro porque en cada definición la historia de los grandes era insostenible adentro de la cancha.
Danubio salta a la cancha a jugar otra final con Peñarol, pero los fantasmas ya no meten miedo, apenas inquietan a algunos descreídos y le hacen cosquillas a los que la sufrieron desde adentro en las tardes más difíciles. Las tardes de esas derrotas, que lo revolcaron por las más crueles críticas y resaltaron la condición de cuadro chico, que fueron dejando un sedimento que formó una estructura sólida y que sirvió de pilar para la nueva fisonomía del equipo de Maroñas.

Los fantasmas acechan. Paolo Montero mete miedo en la defensa, ya no por su fútbol ni sus tranques, sino por su estampa de crack. Salgueiro no se intimida, pero -como confesó previo al partido- lo admira.


Apenas 13 minutos de fútbol, Salgueiro entregó mal la pelota y Acosta y Vigneri se hicieron un festín en los 70 metros que corrieron de área a área con la que rueda para que el delantero pusiera el 1-0.

Los que se reían ya no se ríen. Están serios. Los fantasmas vuelven. ¿Podrá Danubio? Matosas mira al piso y busca alternativas. Está difícil, pero hay una alternativa por ese flanco derecho en el que Olveira hace agua y Jorge García y Salgueiro se divierten.

El lateral de Peñarol quedó mal parado una vez y los danubianos se dieron cuenta que por ahí está el partido.

Peñarol sufre lo peor. Paolo se resintió de la vieja molestia y se va caminando, herido, igual que su equipo. Luiz Nunes perdió a su referente, se quedó sin respaldo anímico y volvió a ser el zaguero endeble de la época de Diego Aguirre y Luis Garisto. Para Olveira es insostenible la presión y Maxi Arias, quien se desempeña de zaguero improvisado, no es solución. Es más, su sector es el blanco al que apunta Danubio.

El calor es insoportable y los aurinegros comienzan a sentir el sofocón, casi peor que el que dejó la salida del capitán. Danubio se aprovecha, aleja los fantasmas y Nacho González, de cabeza aprovecha el error de la defensa mirasol para poner el 1-1.

Delorte camina por la cancha. Los brazos en jarra evidencian agotamiento. A Peñarol no le sale nada, pero nadie lo puede dar por muerto porque Gregorio siempre tiene una carta en la manga.

Salgueiro le da otro golpe a Peñarol. A los 40 minutos puso el 2-1 y encaminó a su equipo al triunfo.

Los fantasmas están lejos. Pero vuelven en el arranque del segundo tiempo con el penal a Vigneri, que el delantero manda a tercer anillo de la Colombes.

Danubio ahuyenta definitivamente a los fantasmas. La magia es cada vez más evidente. Los jugadores de Peñarol miran, los hinchas sufren, el franjeado disfruta.

Gregorio prueba las últimas fórmulas. Carpia a la cancha por Olveira y en el final Apellaniz. Mmmm..., la suerte ya no está con el técnico aurinegro.

Nacho, otra vez de cabeza, pone el 3-1 y Cavani lo cierra en los descuentos. 4-1.

Danubio da media vuelta olímpica. La copa del Apertura está en las vitrinas de la sede de 8 de Octubre y los fantasmas son historias porque al franjeado le queda bien el atuendo de grande en el fútbol uruguayo.