Los de la franja tuvieron una tarde
soñada, golearon a Peñarol, acallaron a un estadio repleto de manyas y
se coronaron como los mejores del torneo. Fue un triunfo categórico, con
clase y sin perder para nada el estilo que los caracterizó durante todo
el campeonato, de fútbol, toque y de pelota bien jugada.
Pero además, con el plus enorme de
haber remontado el partido, de no perder la línea ni siquiera cuando
Vigneri, a poco de comenzar, puso el partido uno a cero a favor del
carbonero y el estadio se partió en un griterio que podía incomodar a
cualquiera.
Sin embargo, quedó plenamente
demostrado que el técnico Matosas trabajó no sólo tácticamente el
partido, sino que concientizó a sus muchachos de lo que tenían por
delante.
Era hora de hacer valer lo que
habían logrado en tantos partidos, de retomar el fútbol que habian
desplegado a lo largo del torneo y que le había dado el privilegio de
ser puntero por varias fechas.
Hubo un hecho que marcó
definitivamente el partido y fue la lesión de Montero, a los 18 del
primer tiempo, porque lo "sientieron" ambos.
Peñarol se resquebrajó en defensa
y mostró errores que a su vez comenzó a capitalizar Danubio, que sin
Montero en la zaga rival se animó a llegar por todo el frente de ataque
y fundamentalmente por Salgueiro, la figura danubiana del primer tiempo.
Ese volumen de juego de la franja
creció, por eso no extrañó que el empate llegara con un golazo de
"Nacho" González, de cabeza, cuando nadie se preocupó de encimarlo.
Pero Danubio siguió de largo,
porque Peñarol sintió el golpe y la franja siguió jugando y desplegando
su fútbol. Ya Nacho se apoderó del balón, Grosmuller fue por momentos
desequilibrante y, arriba, Salgueiro terminó de enloquecerlos cuando
picó por derecha y ante la salida de Castillo, "pinchó" el balón y anotó
el segundo para delirio de un puñadito de hinchas apostados en la
América.
Para el complemento se dio todo
para Peñarol. Penal mal sancionado en el arranque, y Vigneri que le
entró muy abajo al balón para que se fuera encima del travezaño.
Eso fue otro aliciente para la
franja, que comenzó a dominar en todos los sectores. Los aurinegros se
fueron desdibujando y ni apelando a los cambios pudo Gregorio Perez
recomponer el equipo. Danubio llegó con justicia al tercero, otra vez
ganando "Nacho" González en el área enemiga, y, para ponerle un digno
broche de oro, Cavani, que había ingresado en el correr del complemento,
cerró la goleada.
Un triunfo inobjetable de un
equipo que fue mejor en todo sentido, que no le pesó la responsabilidad
y que es un justo campeón. (fuente: La
República)