Reportaje en la Revista “Fútbol Actualidad”
N°380 del 27 de agosto de 1957
La palabra de Don Hugo Forno
¡Aun no se
cómo lo hicimos!...
Hugo
Forno: Estatura media. Tez enrojecida por la ascendencia peninsular. Ojos
encendidos; tal vez estén encendidos por los fuegos del ideal y del entusiasmo.
Nariz correcta. Labios de sonrisa amable, amistosa; tal vez la misma sonrisa es
la razón del amalgama que une a todas las voluntades danubianas en la lucha por
la superación de los fracasos y en la esperanza de un porvenir siempre mejor.
Un
pecho amplio para que quepan todos los afectos acrecentados en los momentos de
prueba y templados en cada esfuerzo superior, casi heroico, que DANUBIO se vio
obligado a realizar para cumplir este destino glorioso que señala.
Una
cabeza recia para que todos los problemas y todas las soluciones y todas las
ideas de DANUBIO encuentren el recinto de una elaboración concienzuda.
Una
cabeza recia, en la que los cabellos, de suave ondulación ya comienzan a tejer
el remedo de los primeros colores de aquel DANUBIO F.C. que se gestó en la
esperanza de aquellos pequeñuelos de la leyenda.
La
primer sorpresa en DANUBIO es la presencia de su presidente. El conductor de los
años más responsables. El que llevaba el timón cuando había que avanzar mirando
las cartas geográficas que marcaban las leyes de la navegación. El que fue guía
del DANUBIO institucional. El hombre que es prócer en un grupo donde todos
condujeron y en donde todos merecen por derecho propio la categoría de grandes
El hombre que es símbolo de lo que es DANUBIO en la actualidad. El hombre
que ha merecido más honores de los que son sus iguales en el amor y en el
sacrificio, no es un viejo guerrero des gesto soberbio que viene mirando del
pasado y en cuya cabellera blanca puede leerse la historia de un tiempo
inmemorial y legendario. No es símbolo en el que el respeto nazca de las canas o
porque el anciano hubiera sido el autor de las hazañas que hoy sirven de
inspiración a las generaciones nuevas. Un fenómeno de gerontocracia. Nada de
eso. Sorprende la presencia de Hugo Forno: es.... casi un muchacho...
El
hombre que es casi un monumento vivo en DANUBIO y un apóstol en el corazón de la
hinchada, don Hugo Forno, recién sobrepasa los 40 años. Tiene el gesto
sencillo y cordial del niño y sin embargo su personalidad es relevante por la
propia gravitación de su íntimo valor. Habla con un tono natural y dice las
cosas sencillamente. Como si no quisiera decirlas y de tal manera que uno se
sorprende pensando otra vez en ellas. Impresiona como que “vive para adentro”,
ya que en los momentos en que uno adivina la emoción que siente al hablar del
estadio que hoy se levanta para orgullo de todos los danubianos, no se diría que
se está frente al luchador indómito de todas las épocas.... Sin variar el tono
natural de la voz explica: “La verdad es ... ¡qué no sé como lo
hicimos!..... DANUBIO necesitaba un estadio; pensamos en él... y lo hicimos.
¡Pero cómo lo hicimos, no lo sé!... Ahora, que está hecho todo, no alcanzo a
explicarnos como fue que tuvimos audacia... y estoy seguro de que si de nuevo
debiéramos iniciar la obra, no la concluiríamos.... Lo que pienso ahora es:
¡Cómo vamos a hacer para mantener y hacer efectivamente nuestro estadio? ¿Cómo
vamos a hacer para pagar lo que resta y que es, prácticamente, todo?.. Pero, el
club necesitaba un estadio y lo hicimos. Ya desde la época en que alquilamos la
cancha de Camino Carrasco y Arrayán (El Pque. “Forno”), la que
llamábamos “Parque” simplemente porque éramos bastante atrevidos, teníamos en la
mente el estadio propio. Lo necesitábamos... y lo hicimos porque implicaba una
necesidad vital para la nueva etapa de consolidación de nuestros propósitos.
Cuanto nos costó o lo que nos costará, ni nosotros mismo lo sabemos, ni lo
supimos nunca. Nosotros sabíamos que necesitábamos la cancha nueva y con ese
propósito dispusimos no tocar para nada “el fondo de tierras” que nos
corresponde por reglamento de un porcentaje sobre las recaudaciones. Ese fondo
era muy poco dinero pero era la base.... Después sacamos dinero hasta de donde
no había. Pedimos prestado a amigos... Recibimos donaciones... En fin: no sé de
donde salió el dinero, pero la verdad que la obra se hizo.
Y se hizo porque queríamos darle al barrio una obra que
contribuyera a elevar su humilde condición. Quisimos hacer una obra que sirviera
de centro social al barrio, para que los niños se acercaran a DANUBIO para poder
continuar con la obra que emprendimos ya hace mucho tiempo hacer nuestros
propios jugadores. DANUBIO ha sido siempre el Campeón del jugador uruguayo.... y
si alguna vez contratamos a Ernesto Lazzatti fue porque teníamos la imperiosa
necesidad. Pero Lazzatti es una excepción en todo sentido porque fue un hombre
que dejó profundas enseñanzas en DANUBIO. Si DANUBIO fue el “caballito criollo”
del fútbol uruguayo, si fue el cuadro del juego de equipo porque estaba formado
por once jugadores de un plantel en el que no había titulares ni suplentes y que
por eso mismo eran once camaradas, el estadio viene a ayudarnos a seguir nuestra
política de hacer del club un centro de barrio para beneficio del barrio y hacer
que el barrio se acerque al club, para darle vida con las reuniones sociales y
para que los chicos vengan a formar en los semilleros de los futuros jugadores,
defensores y socios de DANUBIO”.
El estadio de DANUBIO es, pues, una obra colosal hecha por el club DANUBIO con
el apoyo decido de todos y con el pensamiento puesto en el futuro social de toda
la inmensa barriada de la Curva de Maroñas.
Y
podrán seguir soñando –como es estilo en el sentir danubiano- en la próxima
etapa que supere a la que se empieza a vivir. Porque don Hugo Forno y DANUBIO
significan para la historia nuestra, los hombres que nunca se detuvieron en el
pasado: siempre estuvieron trabajando
para el porvenir.
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