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Hoy, sería imposible tan solo pensarlo. A fines de los cuarenta, una época claramente menos profesional, pero tanto más soñadora pudo transformar un sueño en realidad..... Hugo Bagnulo, por entonces técnico (y a veces jugador) danubiano buscaba jugadores experientes para reforzar el equipo que debutaría nada menos que en la “A”. Alguien lo enteró que Ernesto Lazzatti había quedado desafectado de Boca Jrs, junto a los dirigentes Luis Marmo y Nascelle Rusch viajaron rápidamente a Buenos Aires para intentar convencerlo que “cruzara el charco”. Pero no se trataba de un jugador más, era nada menos que una leyenda viviente, no sólo del club de la Ribera, sino del fútbol argentino. Titular indiscutido de los “xeneises” durante 14 años, cinco veces Campeón argentino, apodado por su exquisita calidad como “El Pibe de Oro”, pero.... ¿ cambiaría las comodidades de “La Bombonera”, por el precario vestuario del “Parque Forno” ? ¿ Querría jugar en las polvorientas canchas de Montevideo y en un equipo recién ascendido ? Como todos los GRANDES de verdad lo único que pretendía era.... jugar. Como todos por aquellos años sus primeros “picados” en los baldíos de su Bahía Blanca natal, luego el club del barrio, donde se fogueó hasta profesionalizarse en 1927 en el club Puerto Comercial y el gran salto a la Capital y a Boca Jrs. en 1934. Durante 14 temporadas paseó su innegable calidad por la mediacancha boquense... pero más que nada por razones políticas, le ofrecieron dos alternativas: la dirección técnica del plantel superior o el pase en blanco. Lazzatti no estaba dispuesto a abandonar la práctica activa del fútbol, consciente que todavía le restaban capacidad, estado físico y entusiasmo para algunas temporadas más. De Brasil y Chile se escucharon ofertas, pero por 10 mil pesos argentinos llegó a DANUBIO, más que nada –como dicen las crónicas de la época- por la amistad existente entre el club de Maroñas y los “xeneises”. Vino a fortalecer las filas de un equipo que no quería -luego de tanto esfuerzo- retornar a la “B”.... pero había que financiar el pase de este famoso argentino y la contratación de otros elementos que estuvieran a tono con el esfuerzo que significaba la conquista de Lazzatti. Pero como tantas, una vez más apareció el generoso aporte del dinámico Presidente Hugo Forno para alcanzar un calificado equipo.... ¡ Conmoción en el fútbol uruguayo ! La llegada del veterano jugador conmocionó el medio futbolísitico uruguayo: Su debut (el 25 de abril de 1948) coincidió con el de DANUBIO en la “A” y no pudo ser mejor, por el Torneo Competencia, doblegaron a los manyas por 2 a 1. De cabeza levantada, dueño de una elegancia asombrosa, contagió de tal manera a todo el club, que muchos afirman que el argentino fue quien inculcó el juego sutil que DANUBIO tiene como marca registrada. La grandeza de Lazzatti como persona era aún mayor que la de jugador..... Don Alcides Olivera escribió: “la incorporación de un valor de la jerarquía deportiva y moral del gran Ernesto Lazzatti, más que un jugador de fútbol un caballero argentino, más que un indiscutible crack extranjero, un auténtico amigo y consejero de todos, hasta de los dirigentes... fue para todo DANUBIO un auténtico maestro, indiscutible y admirable, que dictó cátedra de sapiencia futbolística, de disciplina, de experiente serenidad, de educación y de moral deportiva que influyó en todo el equipo y hasta en la propia sensibilidad de nuestros partidarios”. Continuó residiendo en Temperley, junto a su esposa e hija, y por exigencia del Hugo, viajaba los jueves a Montevideo para practicar conjuntamente con los planteles superiores danubianos y quedarse a espera de los partidos oficiales. Elogiado también por sus compañeros, Lazzatti era un agradecido del Uruguay, que según sus propias expresiones, lo acogió con enorme cariño colmándolo de atenciones y de amigos. Desde aquella tarde de abril del 48 hasta su retiro no faltó a ningún partido (alrededor de 50), marcando un récord, al estar presente en absolutamente todos los (primeros) encuentros de DANUBIO en primera “A”, lo cual motivó que los dirigentes de la época le realizaran una cena como homenaje por el significativo hecho. Su paso por el Club es imborrable, por su exquisita calidad, pero fundamentalmente porque se hizo partícipe de la “causa danubiana”, extendiendo sus responsabilidades de jugador, simplemente porque comenzó a querer la camiseta. “En DANUBIO encontré el mismo calor fraterno y el auténtico círculo amistoso que me rodeaba en Boca.”
EL RETIRO En 1950, su antigua institución le ofrece la dirección técnica, él acepta pero con la condición que se indemnice a DANUBIO en 50 mil pesos argentinos. De esta manera y en un gesto que demostraba su grandeza, DANUBIO recuperó con creces las sumas que en toda su actuación había abonado al incomparable centre-half. En mayo de ese año DANUBIO realiza un amistoso con Boca Jrs. en Buenos Aires previsto en el convenio del pase de Lazzatti y.... como el destino quiso siempre unir a este gran jugador con hechos trascendentes danubianos, fue la primera victoria de carácter internacional fuera del país de DANUBIO, justamente en la última vez que el “Pibe de Oro” se puso la franja sobre el pecho.
A fines de la década del cincuenta un periódico recordó al inolvidable jugador argentino.... “El paso de Ernesto Lazzatti por la institución de la “Curva” significó escribir otra página gloriosa en su carrera y una página memorable en la Historia de DANUBIO. Porque el ardor, la garra, y el coraje de los muchachos que venían de abajo y con olor a yuyo de campito, encontró en el “Pibe de Oro” la mano de seda que pulió esos esfuerzos, le dio cohesión y jerarquía de gran fútbol. Sí; fue importante, fue decisivo el paso de Lazzatti por DANUBIO, tanto que se podría decir, que con él , empieza una nueva historia en el club del corazón desbordante; dejó su marca de maestro para siempre. Fue Lazzatti, -quien puede negarlo- el que hizo la escuela del juego medido, sereno, sobrio y práctico que, hasta hoy se ha conservado......”
Muchos años más tarde, alejado del fútbol, continuó su vida sin estridencias, se desempeñaba como ejecutivo en una automotora de Lomas de Zamora, mientras continuó residiendo en Temperley . Era un ser humano querible y que jamás olvidó su pasaje por DANUBIO.... ¡ Qué lindo hubiera sido verlo jugar ! Un día se fue de este mundo, pero sólo físicamente, porque su recuerdo vive en ambas márgenes del Río de la Plata.
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